Charla-debate hoy a las 22.00h: Soberanía alimentaria y crisis: dos caras de la misma moneda?

Hola!

os invitamos a asistir a este interesante encuentro que tenemos programado para esta noche. El compañero, Jesús Parra, es un activista de varios movimientos sociales de Jerez que revindican estos temas. No sabemos las conexiones ocultas que hay entre crisi, multinacionales, precios de productos básicos etc…La intención es que a raíz de la charla se forme un grupo de trabajo sobre este tema para hacer luego propuestas a nivel nacional y, si es posible, seguir informando en las siguientes semanas con otros encuentros.

AquÌ os dejo un resumen de los temas a tratar:

 

POLITICAS AGROALIMENTARIAS Y REVOLUCIÒN GLOBAL

Una pequeña aportación al debate en el seno del movimiento 15-M

Todos tenemos que comer. Es una necesidad básica y, por eso, todo lo referente al sistema agroalimentario nos afecta de una manera directa.

El modelo alimentario tiene implicaciones que a muchos se nos escapa. El coste de la cesta de alimentos es un componente importante del IPC y, por tanto, está directamente relacionado con la negociación colectiva y las políticas macroeconómicas. La distribución de la propiedad de la tierra es básico para comprender el reparto de la riqueza (¡¡real!!) de un país; y el sistema agroalimentario dominante promueve la concentración y la gran propiedad. La salud de la población está directamente relacionada con la cultura alimentaria. Asimismo, la agricultura (y la pesca) es la principal vía de conexión de una comunidad con la naturaleza que la contiene.

No voy a entrar aquí a describir el funcionamiento del sistema agroalimentario global y su impacto sobre los ecosistemas, las comunidades humanas y la economía. En la red hay suficiente información al respecto, poniendo de manifiesto su insostenibilidad y rol dentro de la lógica del neocolonialismo corporativo.

Aquí quisiera pasar directamente a reseñar las líneas maestras sobre las que rediseñar un nuevo sistema agroalimentario.

Como corremos el riesgo de que se tachen de propuestas “sin base real” o, directamente “antisistema”, me voy a limitar a extraer las ideas fuerza que se pusieron sobre la mesa en una conferencia celebrada el pasado 5 de mayo en la Universidad Georgetown (EEUU) organizado por el nada sospechoso “The Washington Post”, sobre el futuro del sistema agroalimentario (http://washingtonpostlive.com/conferences/food). Las ideas-fuerza serían las siguientes:

  • Los productos agrarios son Alimentos, no mercancías (commodities). Y cuando hablamos de alimentos, estamos incluyendo sus dimensiones en al ámbito ecológico y de la salud. Consecuentemente, la temática alimentaria debe salir de las agendas de las negociaciones comerciales multilaterales (OMC) e implantarse el principio de SOBERANIA ALIMENTARIA, como un derecho innegociable de los países.
  • En un contexto macroeconómico de reducción de gasto público, el sistema sanitario no puede seguir asumiendo los altos costes que supone la generalización de un modelo alimentario que, aunque no envenene, resulta a todas luces insalubre. Si se quiere reducir el gasto sanitario y mejorar la atención del sistema público sanitario (reduciendo la masificación) habrá que empezar por mejorar la alimentación de la población.
  • Las políticas de subsidios agrarios fomentan la desigualdad a escala global y a nivel de cada país. Con el pretexto de garantizar el mantenimiento de las explotaciones familiares, los subsidios agrarios, sin embargo, se dirigen mayoritariamente a grandes explotaciones que suministran “commodities” al sistema agroalimentario global, contribuyendo al hundimiento de mercados locales en países periféricos. Asimismo suponen una transferencia neta del sector público (impuesto de trabajadores- consumidores) a una parte del sector privado que, finalmente, beneficia a la banca (que los gestiona) y a las grandes empresas (que los reciben)[1]. Las explotaciones familiares lo que requieren son precios de los productos agrarios coherentes con sus costes; y esto parece que es incompatible con la situación de semimonopolio de la gran distribución y el marco regulatorio impuesto (o asumido) a la clase política por las grandes corporaciones. El acceso directo del campesinado a los mercados es esencial.
  • La visión ecológica de la agricultura sólo es posible si se incluye en ella las condiciones laborales de los trabajadores y el acceso directo a los mercados de los autónomos de la agricultura.
  • No es posible un desarrollo agroecológico sin romper con las condiciones que favorecen la posición dominante de las grandes corporaciones del “agribussines“. El papel de la clase política y del sistema financiero en la creación de estas condiciones (las famosas reglas del mercado) es fundamental.
  • En el ámbito tecnológico es central visualizar la producción agraria desde un enfoque holístico. La salud del suelo como ecosistema es central. Sólo una explotación ecológica de los recursos alimentarios garantiza la resilencia de los territorios como ecosistemas. Es necesario aprender de los sistemas naturales para construir sistemas agroalimentarios sustentables; y la naturaleza no produce monocultivos (de estrecha banda genética además) sino que se expresa a través de la biodiversidad. El gran desafío de los próximos años será integrar los conocimientos aportados por la ciencia, con ideas y diseños tomados de la naturaleza.
  • Es fundamental reconectar las sociedades humanas con la naturaleza a través, entre otras vías, del sistema agroalimentario, Sólo así la humanidad tendrá futuro.

A modo de corolario, quisiera acabar con dos ideas. La primera es que para avanzar en esta reconexión previamente es necesario un profundo cambio de conciencia en la línea propuesta por las grandes corrientes espirituales de la humanidad. Y, en segundo lugar, llamar la atención del tremendo poder que políticos y científicos están jugando como correas de transmisión al servicio de los intereses de las grandes corporaciones multinacionales.

 


[1] Con los datos de eurostats o del Ministerio de Medio Ambiente puede comprobarse como en la última década se ha producido una fuerte disminución de titulares de explotación vinculados con explotaciones de carácter familiar. ¿Sirven por tanto las ayudas para mantener a las explotaciones familiares?. Estas ayudas corresponden más bien a otros objetivos de carácter político o macroeconómico.

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